La del campeón Pachuca es una historia de dolor y resiliencia

La del campeón Pachuca es una historia de dolor y resiliencia. El triunfo 3-1 sobre el Toluca (el 8-2 global que ya es la mayor goleada en una Final) es la gloriosa culminación de un camino repleto de espinas. Fue muy significativo que Víctor Guzmán marcara el primer gol. En enero de 2020 no podía ni alzar la cabeza por la suspensión que tuvo por dopaje, pero ahora con su gol al 45’+3′ enmendó la ruta de unos Tuzos, aún medio noqueados por el penal fallado por Nicolás Ibáñez. Nico también tuvo su revancha. En la anterior Final su anotación fue insuficiente. El campeón de goleo, con su diana al 52′, sepultó cualquier intento de insurrección. El tanto de Gustavo Cabral al 75′, de penal, hizo que la fiesta comenzara mucho antes del silbatazo final. “Palo, palo, palo, palo bonito, palo eh… Eh, eh, eh, ¡somos campeones otra vez!”. Porque para llegar a la séptima, los Tuzos se repusieron a la pérdida de la Final del Clausura 2022 apenas en mayo. Muchos equipos no se levantan de una de esas. Muchos jugadores tampoco se levantan de los golpes personales. El capitán Óscar Ustari se sobrepuso a una lesión en la rodilla por la que luego nadie lo contrataba. Érick Sánchez pensó alguna vez en retirarse. Avilés Hurtado olvidó el odio de medio Monterrey y Kevin Álvarez superó la muerte de su padre cuando él apenas era un niño. Guillermo Almada hace menos de un año era un técnico desempleado. En el Estadio Hidalgo, los Tuzos incluso reaccionaron a la bofetada por el gol del “Dedos” Raúl López, dedicado a su madre recién fallecida. Llegó el silbatazo final, que bajó el telón del Apertura 2022, que puso la alfombra roja para que el campeón nunca más camine sobre espinas.
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